La alegría de visitar el País Cátaro recorriendo Gruissan, Narbonne, Lagrasse, Carcassonne, Limoux y Castelnaudary

En poco más de dos horas desde Barcelona, tres y media desde Zaragoza o cinco desde Madrid, la comodidad del AVE nos permite degustar ostras junto a un paisaje ídilico de salinas, pasear en barco por el Canal de la Robine y del Midi, cenar en Les Grands Buffets, descubrir bellos pueblos medievales, catar excelentes caldos entre viñedos o disfrutar de tres meses de carnavales en la ciudad del Blanquette

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Por Ferran Martínez / Día 6 de octubre – 2015


Tirando de filmoteca, “La joie de vivre” quedó registrada en mi memoria como un canto al placer de vivir. Ahora, 40 años más tarde confieso que descubriendo durante tres días algunos lugares del País Cátaro como Gruissan, Narbonne, Lagrasse, Carcassonne, Limoux y Castelnaudary, el viajero experimenta sensaciones que curan todos los males. Esta parte de l’Aude se conoce también como la pequeña Francia. 20150929_170147_resized

Ordenando nuestro cuaderno de viaje y tras apearnos en Narbonne nos encaminamos hacia Gruissan de la mano de Nelly de la Oficina de Turismo. Sus espectaculares salinas nos dan la bienvenida junto al museo de la sal, donde está cuidadosamente reproducido todo el proceso artesanal. Una puesta de sol en estos lares de la Isla de Saint Martin nos provocará una buena dosis de adrenalina. Sin embargo, otra puesta en escena, esta vez en la marisquería de La Cambusse du Saunier (www.lesalindegruissan.fer) , nos situará en una de las mejores rutas gastronómicas para degustar los frutos de mar, con mención aparte para las famosas ostras de Gruissan y la dorada a la sal, que nos servirán en el coquetón merendero a pie de las salinas dentro de un entorno idílico que nos ayudará a digerir mejor el ágape a pesar de las torrijas caseras de postre.20150929_214929_resized20150929_134518_resized

Regresamos a Narbonne, donde pernoctaremos en el céntrico Hotel de la Residence. Nuestros guías, Marga y Christophe de la Oficina de Turismo, nos adentran en el barrio viejo y en el Canal de La Robine. De su mano, conocemos casi todos los secretos de la bellísima Catedral inacabada o el embarcadero del pequeño pueblecito de Le Somail, de cuyo puerto parten los cruceros. Abandonamos momentánemente el turismo fluvial para visitar el Museo “des Potiers Gallo-Romains” en Salleles d’Aude. Sus hornos permiten fabricar cientos de ánforas que nos transportan a los primeros siglos de historia de la humanidad.20150930_115423_resized 20150930_160217_resized20151001_100215_resized_2

Si Narbonne es conocida por ser una ciudad mediterránea con 2.500 años de historia y 3.000 horas de sol al año. A 10 minutos a pie de la Estación de tren, en 1989 se levantó un templo gastronómico que es santo y seña de Francia: Les Grands Buffets. Su director Louis Privat define su pantagruélica casa como fiesta y tradición. Más de 280.000 comensales al año, 800 diarios en baja temporada, desfilan por el restaurante más famoso de l’Aude, con más 200 productos a elegir, 60 clases de quesos, 100 variedades de pasteles, las mejores fuentes de marisco y un inmenso asador panorámico donde se cocinan los platos al momento al gusto del comensal, que por unos 30 euros puede dar rienda suelta a su apetitito, a base de langosta, cassoulet  al confit de pato o decenas de asados a la antigua. Los vinos se pagan aparte, pero su carta se ha convertido en la guía de la región Languedoc-Roussillon, con más de 70 variedades servidos en unas condiciones óptimas y a precio de distribuidor.20150929_210550_resized_1 20150929_221127_resized

Detalle curioso: Los 100 empleados de Les Grands Buffets (www.lesgrandsbuffets.com)  eligen personalmente a sus futuros compañeros que entran a trabajar en el restaurante, dotado con una excelente terraza, decorada por el interiorista de Catherine Deneuve.20150929_213025_resized

Les hablaba de la película La alegría de vivir. Un 2CV (www.vin-tourisme-mediterranee.com) nos recoge a la puerta del hotel para dar un paseo entre viñedos que nos conducirá hasta El Celler des Demoiselles, en honor a las mujeres que resistieron heróicamente los horrores de la 1ª Guerra Mundial. Una cata de vinos en medio de las viñas despierta todos los sentidos en plena naturaleza. Especialmente los vinos blancos saben a gloria maridados con los exquisitos embutidos de la zona como el jamón de pato.20150929_141226_resized 20150930_103609_resized

Si queremos, podemos pilotar el 2CV hasta el pueblecito medieval de Lagrasse. Carlos Lluch, un catalán afincado allí hace cinco años porque se enamoró del silencio que se respira en el pueblo, es nuestro guía (www.entrelesvignes.fr) en este delicioso lugar, clasificado entre los pueblos más bellos de Francia. En otro tiempo, capital de Corbières y rodeada de murallas. Lagrasse o Lagorda conserva su rico patrimonio arquitectual con su célebre abadía habitada por 40 monjes benedictinos. Hay callejuelas entre muros en las que apenas cabe una persona. Si visitamos el Museo Caveau 1900 nos meteremos de lleno en el túnel del tiempo a través de un original adiovisual con efectos sonoros, luminosos y climatológicos. Se puede degustar también una gran reserva de vinagres, especialmente el balsámico de uva, jenjibre, nuez, mora salvaje y el afrodisíaco de canela. El Museo conserva colecciones de objetos de hace más de 100 años con reproducciones de la mayoría de oficios del pasado siglo.20150930_101136_resized20150929_125302_resized

En la Hostellerie des Corbières reponemos fuerzas con un sabroso menú. Nos quedan 36 kms. hasta Carcassonne, la misma distancia que separa Lagrasse de Narbonne.

Para los amantes de la bicicleta hay doce rutas señalizadas de 212 kms. entre De Cobières y Minervois de distinta dificultad. (www.tourisme-corbieres-minervois.com)

Nosotros serpenteamos una tranquila carretera entre viñedos. En poco más de media hora nos presentamos en la ciudad amurallada más grande del mundo (3 kms de murallas): Carcassonne, declarada Patrimonio de la Humanidad con 1.000 años de arquitectura militar y 2.600 años de historia. Es obligada la visita del Castillo Condal y la Basílica de Saint Nazaire. Nuestra guía guaraní Sara explica minuciosamente las decenas de historias que envuelven esta joya en el corazón de l’Aude.20150929_162200_resized

La ciudad de“carca sone” o tocar la campana recibe más de 2.000.000 de visitantes cada año entre los 52 torreones, que no logró conquistar Carlomagno a los árabes. Sin embargo, a raíz del Tratado de Los Pirineos (1.717) la ciudad perdió su posición estratégica. Más tarde, como consecuencia de la 2ª Guerra Mundial, sus habitantes abandonaron prácticamente la fortaleza. Actualmente viven dentro de las murallas apenas 50 personas. Un adiovisual de 11 minutos y en tres idionas, complementa la visita al Castillo, donde se divisa una fantástica panorámica de la Carcassonne extramuros y a donde acudimos para visitar un local llamado “Verre un”, donde el somelier Georges Gracia nos recibe con el slogan: “Nuestra tierra no miente”. Todos los sábados esta vinoteca organiza charlas sobre los aromas de los vinos y el champagne de la zona.20150929_160434_resized_1

El alojamiento en Carcassonne se llama Trois Couronnes. Desde la cama podemos contemplar la fortaleza iluminada. El hotel tiene un restaurante panorámico y piscina con hidromasaje.

Para cenar volvemos a entrar en la ciudad fortificada. Las luces embellecen aún más restaurantes, monumentos y terrazas. Nuestro punto de encuentro en el Comte Roger lo regenta un chef de raices aragonesas. Antes de que nuestros anfitriones nos sorprendan con un huevo de avestruz como base de platillo relleno de ensalada, un vermoutillo rojizo y delicadamente amargo, nos sirve para acompañar un aperitivo de delicatessen. El plato estrella en el Comte Rogeres se compone de un guisado suave de pata, mucho más tierna que su novio “le canard”.20151001_205314_resized

Dejamos Carcassonne el “petit dejeuner” en Trois Couronnes. En 40 minutos llegamos a la Abadía benedictina de Saint-Hilaire. Llama la atención un ajedrez esculpido en el claustro. Este monasterio a dimensión humana está organizado alrededor de su monasterio gótico. Es aquí donde en 1.531, los monjes inventaron el primer vino efervescente en el mundo: La Blanquette.

Sin embargo, la ciudad por excelencia del espumoso más conocido en Francia es Limoux, donde visitamos las bodegas Du Sieur d’Arques con sus cuatro territorios donde se produce La Blanquette: “Autan, Oceanique, Mediterranee et Haute Vallé”. La politíca de producción de “les Caves Du Sieur d’Arques” se basa en la unificación moderna sin olvidar las tradiciones. Fabricar Blanquette es apelar a un creador de efervescencias.20150929_170323_resized

Limoux organiza durante los tres primeros meses del año el Carnaval más duradero del mundo. Prácticamente todos los fines de semana la ciudad se llena de máscaras que pueblan sus calles engalanadas para recibir a los curiosos que se acercan a descubrir el espectacular Carnaval y a degustar La Blanquette.20151001_121425_resized 20151001_121449_resized

La carta de “Tantine et Tonton”, tía y tío cariñosamente, en el restaurante Moderne et Pigeon también en Limoux desprende solera, igual que una espléndida terraza, donde también se saborean los platos típicos de l’Aude.

Hablando de costumbres no podemos olvidarnos de la “poterie”. Recipiente donde se sirve el plato más conocido de la región: La Cassolulet. Nuestros artesanos de Mas Ste Puelles (www.poterienot.fr)  fabrican con arcilla un plato cada tres minutos. A escasos kilómetros La Producción Monod cosecha las mejores alubias, producto básico para cocinar La Cassoulet y que degustamos en el Restaurant du Centre et du Lauragais en Castelnaudary, aunque el guiso de buey o los espárragos verdes con baicon también fueron la tentación de nuestra última parada.20150930_114437_resized 20150930_115954_resized_1

Decíamos que el AVE nos acerca a l’Aude en menos de dos horas desde Barcelona. Ahora les invito a que si disponen de unos días más, planifiquen una excursión por el Canal du Midi. En Castelnaudary nos propusieron descubrir el País Cátaro en barco que manejamos nosotros mismos sin necesidad de permisos especiales. La base de Le Boat (amandinej@leboat.com y emily.deighton@leboat.com ) forma parte de una flota de 900 barcos que navegan por toda Europa de abril a noviembre, con capacidad hasta 12 personas y que disfrutan de otra manera de hacer turismo, aunando libertad, naturaleza en estado puro, paseos en bicicleta, gastronomía, viajar con niños o el encanto de descubrir nuevos patrimonios culturales que se atraviesan navegando con tu hotel a cuestas por el Canal du Midi y de La Robine. Merece la pena aprovechar las ofertas last minute. Todo un homenaje a los cinco sentidos.

Y a Jean Claude

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